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Homenaje a Joaquín Navarro Estevan Imprimir E-Mail
lunes, 21 de mayo de 2007
Extracto de la intervención de Raúl Marco en el Ateneo de Madrid

Rendimos sentido homenaje, con la Tertulia republicana del Ateneo a Joaquín Navarro. Muchas han sido las veces que él ha hablado en este Ateneo. Y siempre despertó entusiasmo y admiración, tanto por la claridad de la exposición del tema que tratase, como por la vehemencia y fogosidad que en algunos momentos ponía en sus intervenciones. Vehemencia y fogosidad que en nada mermaban la brillantez de su discurso.

Lo conocí a finales de los años 70, y desde entonces mantuvimos una amistad que pese a lo espaciado en el tiempo, nunca se deterioró. Debo decir, q ue el día en que me lo presentó un amigo común, que luego dejó de serlo, me sorprendió cómo él, senador por el PSOE, podía hablar con tanta claridad de temas que chocaban frontalmente con la política de su partido, tales como la llamada transición, o el republicanismo vehemente del que hacía gala, o el derecho a la autodeterminación de los pueblos y, lógicamente, contra el impuesto Borbón.

Luego, en los muchos mítines que hemos compartido, junto con otras personas, me maravillaba la facilidad con la que, sin consultar una sola nota, desgranaba sus intervenciones sin la menor contradicción o error.

Su compromiso lo era con todas las causas que consideraba justas. Así participó activamente en la solidaridad con Cuba, junto al fiscal Chamorro y otras personalidades, o con la lucha del pueblo vasco por su autodeterminación.

Somos muchísimos los que le estimábamos y teníamos en alto aprecio. Para mí ha sido un verdadero honor su amistad y camaradería, y no soy el único en ello. También son muchos los que le odiaban, unos por envidia y rencor, otros por razones políticas evidentes, otros guardaban hacia él, «saña vieja retenida». Y se comprende, pues sus argumentos eran puñales directos al corazón de los hechos y sus autores. Sufrió ataques, calumnias e intentos de linchamiento moral. No hay más que recordar cómo un conocido locutor de los del pesebre, lo expulsó de su tertulia radiofónica acusándole de ser un aliado de ETA.

Nunca se amilanó. Hace tres o cuatro años, cuando volvíamos de unos actos republicanos en Irún, me respondió cuando le dije que debería tomar algunas medidas de precaución : « Mira, Raúl, si hiciese caso de las amenazas que recibo casi a diario, tendría que irme de España o encerrarme en mi casa y no pisar la calle».

Quiero leeros extractos del último artículo que escribió para el boletín de la Plataforma de Ciudadanos por la República:

Tengo el orgullo de ser profundamente sectario. En un país como España, enseñado a huir de la verdad, a soportar la injusticia, a refrenar el libre examen y a someterse a poderes tiránicos, no hay mejor secta que la libertad. Pero no es secta. La expresión más elevada de la ética civil es la libertad. De las cuatro libertades, que diría Rousvelt, Libertad de expresión, opinión e información; libertad de conciencia; libertad frente al miedo; y libertad frente a la necesidad. Las cuatro libertades están profundamente amenazadas porque son ellas mismas, una amenaza para el sistema mundial de globalización.

[…]De forma directa o indirecta, la coacción y la represión están presentes. Cada vez se respeta menos el derecho a disentir, la libertad de discrepar, la insobornable libertad ciudadana de rechazar lo que no le convence o lo que le parece hostil a la democracia

[…] El intento del Gobierno de dar un giro copernicano a la lucha, hasta ahora nada victoriosa contra ETA, intentando llegar a un acuerdo, ha tenido, no faltaría más, la abierta oposición de quienes basaron en la lucha contra el terrorismo local su línea política Ya se advirtió durante la última tregua, calificada de trampa por quien podía conseguir que en realidad lo fuera, que en el fondo su deseo estaba en el «oigan, no, por favor, sigan matando» que justificara su política represiva Oponerse a que si ETA abandona las armas ( o si promete abandonarlas), se dialogue con ella para acabar de una vez con la pesadilla es, en primer lugar preferir la venganza, siempre en espiral, a la paz.

[…]¿Es que alguien se cree en serio que el final de ETA se producirá porque sus militantes se acercarán un día al cuartelillo más cercano armados hasta los dientes y diciendo: señores guardias, aquí estamos. Tomen nuestras armas y encarcélenos que nos lo merecemos?

[…]¿Qué para muchas personas que han sido sus víctimas y que merecen –muchas de ellas- respeto y simpatía, será insoportable ver en la calle a los culpables de su sufrimiento? Sí, convencido de ello. Como, por cierto, de que para millares y millares de personas que sufrieron la represión del franquismo, fue, es insoportable ver, no sólo en la calle sino en altos cargos estatales y con coche oficial, a líderes políticos que colaboraron con Franco directamente durante la larga noche de la dictadura.

[…] El resto de espacio que me queda prefiero dedicarlo a emplazar al Gobierno a que revise su política con la Iglesia. Si se denuncia el Concordato y se recuerda que, laico o no –que eso no es más que un juego de palabras- España es un país no confesional y que, en un tal estado de derecho, que el rey consagre, como alguna vez lo ha perpetrado, España al apóstol Santiago o al Sagrado Corazón, es una burla al ciudadano propia de una monarquía datilera; si no se pasa por alto que el obispo de Granada ha utilizado parte del dinero que le hemos dado para fletar autobuses con que trasladar a sus paisanos a Madrid para manifestarse contra el Gobierno y las resoluciones mayoritariamente aceptadas por el parlamento; si no se considera que son «pelillos a la mar» las actitudes de la Conferencia Episcopal en general y de algunos obispos en particular en los últimos veinte siglos, y el Gobierno reacciona y obra en consecuencia, es muy probable que el pueblo lo tenga en cuenta, en su beneficio, en las próximas elecciones.

Y, aunque no fuera así, es una cuestión de dignidad y autodefensa.

Se comprende pues, la inquina que tenían a Joaquín los poderes públicos y fácticos, entre los que hay que incluir a ese poder «espiritual» que es la Iglesia y sus talibanes.

Yo no voy a pedir un minuto de silencio a la memoria de nuestro querido y admirado Navarro, al contrario. Pido que sigamos su ejemplo de firmeza y gallardía y alcemos nuestra voz, nuestro grito contra la injusticia; su valentía para enfrentarse a los opresores, a los reaccionarios de todo pelaje. Que prosigamos la lucha por la libertad, que aún dentro de esta sociedad de opresión, sepamos ser libres. Frente a los que tratan de silenciar la voz de Joaquín Navarro, reivindicamos el grito de ¡por la libertad, la fraternidad, la igualdad, viva la República!

No, nada de silencio para Joaquín Navarro: un aplauso por su lucha, entrega y ejemplo.

 
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Boletín de la Plataforma #26
 
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ARCO #04
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Ante la trama de la Policía Local

Desde la creación en 2006 de la Agrupación Republicana de Coslada (ARCO), éste ha sido el único partido político que se ha posicionado en contra de la actuación del Jefe de la Policía Local, señor Ginés Jiménez Buendía. Tanto a través de charlas públicas, artículos en nuestra revista, o comunicados, hemos venido denunciando el peligro que suponía para las libertades democráticas en nuestro municipio el sujeto Ginés.

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